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My Front Row


Street Front Row es mi rinconcito para inspirar, entretener, informar y sugerir (nunca dictar). Me gusta el equilibrio sutil que hay entre moda, cultura, belleza y estilo de vida. Adoro los contrastes mix&match y me gusta mirar la vida con un toque de ironía. Espero compartir contigo buenos momentos.
Street Front Row is my little corner to inspire, entertain, inform and suggest (not dictate). I like the subtle balance between fashion, culture, beauty and lifestyle. I love mix&match contrasts and I like looking at life with a touch of irony. I hope to share a good time with you.

martes, 15 de marzo de 2016

Las flores de la felicidad

El otro día en las noticias matutinas vi una noticia de esas que emocionan por la extrema sensibilidad que refleja la historia que hay detrás. Os la explico... 
Cuando la esposa del señor Kuroki perdió la vista a causa de la diabetes, entró en una depresión tal que no se levantaba de la cama. Por eso, este japonés enamorado decidió plantar un inmenso jardín de flores para que su olor alegrara la vida de su esposa. Ahora, el lugar se ha transformado en un verdadero lugar de peregrinaje que visitan más de siete mil personas al año y que buscan encontrar allí no sólo a las flores, sino también a los protagonistas de la conmovedora historia de amor que dio vida a este jardín. La historia fue difundida por medios de todo el mundo. La alfombra de flores rosas -conocidas como Shibazakura o Phlox de musgo- tiene su orgien hace largo tiempo, cuando la señora Kuroki sufrió complicaciones de la diabetes y perdió la vista inesperadamente, de un día para otro, lo que sumió en una profunda tristeza a la familia e hizo a ella aislarse de la sociedad. Fue entonces cuando el esposo se esforzó en buscar una forma de animar a su esposa y pensó que si al menos podían tener un visitante o dos cada día, eso provocaría que la mujer saliera de su depresión. Así decidió entonces plantar un jardín de flores donde ella pudiera disfrutar de la belleza de la naturaleza, aunque fuera a través del olfato. Dos años de trabajo duro fue lo que costó terminar esta obra de arte, pero el esfuerzo valió la pena, su esposa disfrutó del olor, la textura y ahora sale y pasea todos los días por su jardín. La finca está abierta al público para todo aquel que desee visitarla. La mujer ahora sonríe todos los días porque como dijo San Agustín “la medida del amor es amar sin medida”. 

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